Hay una frase que me gusta repetir y que creo que resume el espíritu de este blog. “Nadie nace viajero, y mucho menos responsable”. Como todo en la vida, a viajar se aprende.

Viajando y trabajando aprendí mucho. Pero mis grandes enseñanzas viajeras fueron producto de mis errores. Especialmente de esos que han hecho ruido en mi conciencia.

Aquí te enumero esos errores de turistas que no me enorgullecen, pero que agradezco. Espero que te sirvan como ejemplo, de lo que NO deberías hacer, si quieres dormir con la conciencia tranquila.

 

1. Viajes maratónicos

 

Este es quizás el error más común que cometemos cuando somos jóvenes y empezamos a viajar. Tenemos energía de sobra y nos queremos comer el mundo. También es muy normal cuando viajamos a un lugar lejano. Pensamos que hay que aprovechar el tiempo al máximo, porque no vamos a volver. Pero ¿Qué es aprovechar el tiempo al máximo? ¿Tachar países de una lista o disfrutar la experiencia?

En el 2012 hice un viaje a Asia con mi pareja. Teníamos un mes a disposición. Empezamos a planear el itinerario y de repente teníamos 5 países en la lista.

Tomamos 11 vuelos, 3 barcos, 2 trenes, cambiamos de moneda 5 veces, visitamos 14 pueblos y ciudades e hicimos 2 rutas de senderismo. Hoy en día puedo decir que de eso 5 países solo conozco 3, y a medias. Siempre pienso en que tengo que volver por que me faltó algo.

A partir de esta experiencia, aprendí a viajar despacio. A vivir cada lugar. Ahora privilegio la experiencia antes que la cantidad de destinos visitados.

 

2. Subestimar el tema salud

 

En 2009 estuve en Guatemala. Después de pasar unos días en la selva llegué a Antigua. Luego de una excursión al volcán Pacaya empecé a sentirme mal. Conclusión: Terminé en un hospital muy precario, abarrotado de gente, con un diagnostico de dengue.

¿Cual es el error en toda esta historia? Mi seguro de viaje se había vencido. Tuve que pagar todos los gatos médicos y medicamentos.

En ese momento tuve la posibilidad económica de continuar el tratamiento en un consultorio privado. Pero esto fue posible por que estaba en un país donde los costos eran abordables. Pero ¿Qué pasaba si esto me sucedía en un lugar lejos de todo, si necesitaba un traslado de urgencia, o si me tenían que repatriar por que mi estado se agravaba? ¿Que me hubiera pasado si esto me sucedía en Estados Unidos o Europa donde los costos médicos son altísimos?

La salud es nuestra responsabilidad y es fundamental viajar con seguro de viaje. Ahora tengo un seguro anual y viajo tranquila.

 

3. Tomar una foto donde TODOS quieren tomar una foto 

 

En 2012 viajé a Camboya pura y exclusivamente para visitar los templos de Angkor. Mi guía de viajes sugería ir al costado del lago que se encuentra en la entrada del Angkor Wat a las 5 AM para ver y fotografiar el templo y su reflejo, bañados por el sol del amanecer. Y allí fui con cámara y trípode en mano.

Cuando llegué me llevé una gran sorpresa. Había cientos de turistas que habían leído la misma guía o habían tenido la misma maravillosa idea. Hacerme un lugar para poner mi trípode fue todo un reto.

El sol comienza a salir y solo se escucha el sonido de los disparos de las cámaras. En el medio de todo eso decenas de turistas intentar sacarse una selfie, cruzando sus selfie sticks o “el palito de la selfie” por entre medio de los objetivos de los “fotógrafos”. A medida que el sol subía el ambiente comenzaba a ponerse tenso.

Cansada de empujones y malas caras decidí retirarme del tumulto y sacar fotos a las flores de loto que inundaban el lago. En 5 minutos ya estaba rodeada de orientales son mega cámaras queriendo sacar una foto a LA MISMA flor que yo. Sin ningún respeto, y de manera agresiva me corrieron de la escena.

Conclusión: de los 3 días que duro mi visita por los templos de Angkor este momento fue el peor momento. Lo que más disfruté fue cuando me aventuré a descubrir los templos que nadie visitaba. Y por supuesto que mis mejores fotos de Angkor no fueron al amanecer.

 

4. Regateo excesivo

 

En Argentina el regateo no es una costumbre por lo que lo descubrí viajando. Al principio me parecía fascinante negociar y tratar de sacar la mejor tajada. He vivido experiencias muy divertidas regateando. Especialmente en India, donde son los verdaderos maestros. Pero también en ocasiones he sentido un ruido en la conciencia al creer que me había pasado.

El arte del regateo no es solamente tratar de comprar algo al menor precio posible. Se trata de reconocer a aquel que sabe y quiere jugar el juego y a aquel que lo hace por necesidad. El desafío esta en reconocer el límite, hacer que la negociación sea justa para ambas partes, sin humillar ni abusar del vendedor y sus circunstancias ¡Todo un reto!

 

5. Comer en restaurantes para turistas

 

¡Si! Confieso que pedí una pizza en Myanmar. Y aunque parezca mentira, no fue la mejor que comí en mi vida.

Si quieres vivir experiencias agradables a la hora de comer, siempre pero siempre, elige la comida local. Y si es posible, evita los restaurantes de turistas.

Lo mejor que puede ofrecer cada lugar, es precisamente lo del lugar. El mejor restaurante siempre es aquel que esta abarrotado de locales y tiene una carta limitada. Tira tu guía a la basura y pregúntale a los locales donde ir a comer. Sumérgete en los sabores y prueba cosas nuevas. Atrévete a viajar también con el paladar.

 

6. Turismo con elefantes

 

Ahora nos vamos a Nepal. Mi maravillosa guía destacaba como experiencia imperdible ir al Parque Nacional Chitwan. Allí proponía como actividades hacer un safari y bañar elefantes en el río. Como amante de los animales allí fui.

Todo parecía prometedor. Ya me imaginaba descubriendo la selva al lomo de un simpático elefante, que seguramente estaba feliz de llevarme. Y lo mejor, ¡tendría la posibilidad de bañar a uno de ellos! Jugaríamos en el río juntos y pasaríamos un momento genial como en una película de Disney.

Lo que la guía no decía es que, durante el safari, el guía golpearía al animal constantemente para hacerlo avanzar. Y que durante el “baño” lo maltrataría con el mismo fierro, le gritaría y tiraría con fuerza de sus orejas para que tiré agua por su trompa. Esta fue sin dudas la peor experiencia que viví en ese viaje.

El turismo con animales es muy delicado. Hay muy pocos proyectos que verdaderamente respetan y protegen a los animales. Por eso infórmate bien. Y si vas a hacer una actividad que te genera dudas, no la hagas. Siempre la mejor experiencia es la contemplación de animales en libertad, sin ningún tipo de interacción.

 

7. Voluntariados sin información

 

En 2009 estuve en México. La ciudad que me enamoro fue San Cristóbal de las Casas. Allí aprendí mucho sobre la causa zapatista y supe que ellos necesitan de voluntarios que trabajen como observadores para garantizar los derechos humanos de las zonas en conflicto.

Sin nada de información me aventuré a unos de los pueblos y me propuse como voluntaria. Luego de unos días de idas y venidas decidí desistir. A pesar de que ellos fueron super amables conmigo, sentía que estaba molestando. Pero lo que no sabía era que particularmente, ese pueblo no me necesitaba, pero había otros que sí.

Los voluntariados tienen que tomarse con responsabilidad y compromiso. Hay que informarse e ir a donde realmente nos necesitan.

 

Espero que tu también puedas aprender algo de mis errores. Y si quieres compárteme aquellos errores de viaje que te han hecho ruido en la conciencia.