Ya te he contado en el último post Los 10 errores más comunes en la organización de grandes viajes, que el error número 1 que cometemos los viajeros son los viajes maratónicos. Pero como te he comentado al final del post para cada problema existe una solución. Y en este caso se llama Slow Travel, que podría traducirse como viajar sin prisas.

Un poco de historia…

Cuando en el año 1986 Carlo Petrini se enteró que iban a poner un local de comidas rápidas frente a la Plaza de España en Roma, puso el grito en el cielo. De esa furia nació el movimiento Slow food, como respuesta al acelerado modo de vida de las ciudades.

Aquel movimiento proponía derribar la cultura fast incitando a los comensales a vivir una experiencia gastronómica verdadera. Sentarse en una mesa, degustar productos de calidad, con buena presentación, un buen vino y un entorno agradable.

Con el tiempo el movimiento slow se traslado a otras actividades humanas, entre ellas, el turismo.

¿Por qué viajamos con prisa?

El sistema turístico moderno esta pensado para transformar los viajes en frenéticas maratones.

  • Los vuelos low cost proponen conectar ciudades en minutos a precios irrisorios.
  • Los alojamientos brindan solo las comodidades básicas para pernoctar y nada más que pernoctar.
  • Los buses turísticos proponen visitar los principales monumentos y atracciones de las ciudades en pocas horas.
  • Restaurantes turísticos ofrecen menús disfrazados de gastronomía local, a precios económicos que se sirven a todas horas al paso o en terrazas o salones abarrotados de mesas.

Todo, pero absolutamente todo, esta pensado para que el paso del viajerx sea express.

Slow travel

Por otra parte, el exceso de información que hoy tenemos gracias a internet también contribuye a esto.

Antes de emprender tu último viaje ¿Cuándo artículos has leído sobre tu destino? Seguro que decenas. Y quizás hasta hayas hecho una lista de los lugares que “debías” visitar ¡Claro! Yo también lo he hecho.

Sin darnos cuenta, el exceso de información nos suele producir un cierto estado de ansiedad o estrés. No nos queremos perder de nada, queremos aprovechar cada segundo, queremos verlo todo y compartirlo en las redes sociales.

Pero muchas veces el resultado esta a años luz de satisfacer nuestras verdaderas expectativas de viaje. Sí, vimos todo lo que “había” que ver. Pero ¿a qué precio? Muchas veces, sacrificando el objetivo principal del viaje: el disfrute.

Este ritmo frenético hace que pasemos al lado de muchas cosas. El contacto con la gente local, descubrir nuevos sabores degustando la verdadera gastronomía local, aprender sobre otras culturas y costumbres, perderse caminando sin rumbo y descubriendo rincones y detalles.

El Slow Travel nace como respuesta para recuperar el disfrute partiendo de una simple premisa:  MENOS ES MÁS.

Cómo ser un viajerx slow

Ser un viajerx slow no implica solo dedicar más tiempo a cada destino, sino también valorar el poder de la experiencia de viaje y el disfrute.

Un viajerx slow…  

  • Elige un destino que concuerda con su tiempo disponible.
  • Huye de los resorts y hoteles de cadena. Le gustan los alojamientos pequeños, auténticos y atendidos por gente local.
  • Prefiere tomar trenes o buses para disfrutar del paisaje.
  • Disfruta de visitar un mercado local.
  • Se pierde por las calles de pueblos y ciudades a pie y se deja sorprender.
  • Le gusta tener contactos genuinos con los locales.
  • Dedica tiempo al descanso y a la evasión.
  • Le gusta zambullirse en la gastronomía local y descubrir sabores nuevos.
  • Le gusta aprender sobre nuevas culturas, costumbres y tradiciones.
  • Disfruta cada instante y atesora recuerdos inolvidables.
  • Y sobre todo sabe que dejar algo sin ver o hacer es una excusa para poder volver.

La clave es el equilibrio

Todo esto suena muy romántico e idílico, pero no podemos ignorar la realidad. No todo el mundo tiene el privilegio de poder tomarse el tiempo que quisiera para viajar sin prisas.

Es por eso que como todo en la vida hay que saber encontrar un equilibrio.

Slow travel

Cuando era más joven solía hacer largos viajes. He llegado a quedarme 2 meses en un pueblo solo porque me gustaba. Pero hoy mi realidad es otra, mi tiempo de viaje es más limitado.

Por eso cuando emprendo la organización de un gran viaje, intento encontrar un equilibrio que me permita aprovechar mi tiempo el máximo y disfrutar sin estrés.

Y en esa búsqueda he establecido mis propias reglas:

  • Nunca pasar menos de 2 noches en un pueblo y 3 noches en una ciudad.
  • Evitar el exceso de aviones.
  • Elegir un destino dentro de mi itinerario que me permita descansar. Y si es en mitad del recorrido mejor.
  • Solo hacer las actividades y visitas que correspondan a mis intereses.
  • Probar nuevos sabores.
  • Elegir una actividad que me permita vivir una experiencia fuera de lo común.
  • No hacer el viaje de nadie, hacer el mío propio.

Esta es la base con la que diseño mis itinerarios. Si quieres verlo ejemplificado en uno de ellos, no te pierdas el post >> El mejor itinerario de Argentina.

Y te preguntarás ¿qué has ganado viajando sin prisas?

La respuesta es simple. El mayor patrimonio que tiene un viajero: Recuerdos inolvidables.

¿Qué te ha parecido esto del Slow Travel? ¿Te animas a bajas la velocidad?